Hace mucho tiempo... me envicié a un juego de rol de estrategia... el Heroes of Might and Magic IV.
Para muchos, el peor juego de HoMM que ha podido existir jamás... es verdad... no tiene el estilo de los otros, ni su gracia, ni su "tacto", pero tiene algo que los demás no pueden ni soñar... tiene a Gauldoth Mediomuerto... uno de los mejores personajes, con la mejor campaña que he jugado en mi vida... me enamoré de ese personaje tan solo con su presentación... y tras ir jugando la historia lo sentí mio... me identificaba con él...
Años más tarde empecé a jugar al World of Warcraft... y yo, friky de mi, empecé con un Undead Mage... y claro... como no podía ser de otra forma... lo llamé Gauldoth... entré en un guild y allí decidí que Gauldoth DEBÍA tener una historia... y me puse manos a la obra... busque la historia de Gauldoth Mediomuerto y la adapté... así que el texto que publico a continuación no es 100% mio, pero tampoco es un copy&paste... es solo... un proyecto que quise continuar y dejé a medias... como tantas otras cosas en mi vida.
"Mientras me ataban al poste me llamaban “Necrófago” y “Devorador de niños”.
El último epíteto casi tenía gracia. Hasta hoy, nunca he comido carne humana, ni tampoco sangre. La parte de mi que todavía precisa sustento anhela las cosas que come la gente normal: un jugoso chuletón o tal vez un salmón asado sobre una hoguera. El resto de mi, la mitad muerta viviente, no anhela nada. Esa mitad está vacía.
Pero la verdad no hizo que la gente de Goldshire cesara en su intento de matarme.
Me había acercado demasiado a la casa del granjero en busca de huevos de gallina. Desde el juicio había estado viviendo como un animal, escondido en el bosque. Comía insectos crudos y ratas; la única exquisitez, cuando podía encontrarla, era chupar la yema del huevo de un petirrojo. Me había convertido en una criatura que se escondía en la noche. El más ligero ruido me hacía huir al agujero en el que dormía.
Esa noche concreta, debía estar trastornado por el hambre, pues ni siquiera oí acercarse a nadie hasta que ya era demasiado tarde. Estaba en el gallinero, agujereando huevos con mis largas uñas, cuando finalmente oí algo. Así que agarré un par de gallinas, les retorcí el pescuezo para que no alertaran a nadie de mi presencia y salí al exterior para descubrir que ya estaba rodeado.
Puede que fueran una docena, todos ellos armados con útiles de granja. Intenté huir. Pero una horca me atravesó el hombro derecho. Enseguida me tuvieron inmovilizado en el suelo, donde me dieron garrotazos y patadas. Lo peor vino al final, cuando alguien me arrebató las gallinas.
¡Necrófago!, me gritaron.
Me arrastraron, atado de pies y manos a un carro, a lo largo de varias millas, hasta la villa de Goldhisre, donde se encontraba una pequeña guarnición reclutando a la nueva milicia de las fuerzas de Stormwind.
Como era de esperar, me ataron inmediatamente a un poste y apilaron madera seca a mis pies. Fue entonces cuando empecé a temblar de miedo.
¡Fuego! Tenía razones para temerlo. Un incendio era el responsable de mi condición de muerto viviente. Todavía recuerdo el terrible y abrasador dolor, la indescriptible angustia que te devora el alma.
Mi miedo me dio fuerzas. Cuando el oficial, con su brillante armadura, se situó ante la muchedumbre con una antorcha en la mano, empecé a luchar por liberarme de mis ataduras.
“En nombre de las fuerzas de Stormwind, te ejecuto de manera definitiva criatura, ¡Por la Alianza!” dijo el pomposo oficial.
“¡Soy inocente!” grité. “¡Solo he matado a un par de gallinas!”
“¡Ha sido él quien se comió a mi hijo!”, gritó alguien. Así que un mocoso había desaparecido y yo iba a pagar por ello. ¡Vaya suerte la mia!
“¡Quemadlo!” gritaron otros.
El oficial se acercó y prendió la leña con la antorcha.
“Los de tu especie nunca son inocentes”, dijo el oficial.
Para cuando el olor a madera quemada alcanzó mi nariz, sentí que la piel de mi mano derecha muerta se había aflojado lo suficiente como para poder soltarme. Hacía años que no lanzaba un conjuro, pero mi vida dependía de ello. Alcé las manos por encima de mi cabeza y murmuré las palabras mágicas como si solo hubieran pasado unas pocas horas. Supongo que es algo que nunca se olvida.
Salté por encima de la madera en llamas y huí, sabedor de que mi conjuro haría sentir a todos los presentes un frío de ultratumba en los músculos, ralentizando sus movimientos lo suficiente como para que pudiera escapar. Corrí como no lo había hecho desde el juicio, desde la muerte de mi amo, corrí.
Mi experiencia en Goldshire me recordó que, para mi, la civilización representaba la muerte, así que me mantuve alejado de ella. Huí hacia la parte más indómita de los bosques, sin ningún objetivo en mente aparte de poner la mayor distancia posible entre ese fuego y yo. Ni siquiera sé cuanto tiempo pasé corriendo ni que distancia recorrí. Con los años, he ido aprendiendo que lo mejor es no pensar. Era un animal. Mientras me recordase a mi mismo que no era más que un animal, la supervivencia me resultaba más fácil.
Por lo general, no salía de los bosques. Unas pocas noches después, llegué a un campo lleno de lápidas. ¡Un cementerio!
El cielo estaba despejado y la luna era una forma delgada y plateada. Paseé por entre las aproximadamente doce lápidas leyendo en voz alta los nombres y las fechas. La mayoría pertenecían a la misma familia y habían muerto con pocos años de diferencia: madres, padres, hijos. Así se como nos daba la bienvenida este nuevo mundo; con dolor y muerte.
Me senté en el césped y apoyé la parte viviente de mi cara contra la fría superficie de una de las lápidas. Mi primer recuerdo de la infancia es una cripta; el aroma a almizcle de la tierra, el silencio de la oscuridad, el vampiro que me mantenía con vida para alimentarse de mi joven sangre.
“He vuelto al punto de partida”, dije en voz alta.
¿Por qué? De todos los lugares que podía haber encontrado, ¿por qué había llegado aquí? ¿Era el destino? No. No creo en el destino. Cada uno se labra su futuro. Pero es posible que el universo tenga algo pensado.
Allí, de pie, sentí como el poder aumentaba dentro de mi. Nacía de mi rabia interior; rabia hacia la gente de Goldshire, hacia todos los que habian intentando matarme sólo por mi aspecto de medio muerto viviente, e incluso hacia el vampiro que me tuvo tanto tiempo encerrado en su cripta como una gallina en un gallinero. Me puse de rodillas y clavé mis dedos en la húmeda tierra.
Podía sentir los cuerpos putrefactos, dormidos bajo tierra. Mi cuerpo se estremeció cuando la energía mágica bajó por mis brazos y fluyó de mis dedos a la fría tierra. En ese momento supe que era para esto para lo que había sobrevivido a todos esos horrores todos estos años. El universo tenía un papel para mí.
Esa noche, bajo la luna creciente, renací de verdad.
Soy Gauldoth Mediomuerto."